La vida son dos días, a veces tres, pocas veces uno. De qué dependerá? De la felicidad con la que se vive, con la que se vive el momento. La búsqueda de la felicidad es la meta difícil, a veces parada, dormida incluso abandonada en el interior.
Muchas veces pasamos tiempo persiguiendo otros objetivos, entre ellos mayoritariamente el más puro, el sobrevivir. El día a día nos absorba, agobia, nos estresa, nos duerme los sentidos, en total no nos deja suficiente capacidad de recapacitación y reflexión.
Sobre qué? Donde estoy, qué quiero o dónde quiero llegar y los pasos a seguir/dar.
Si nosotros estamos “tan entretenidos” del día a día, ¿cómo darse cuenta de lo que está pasando y sobre todo tener la calma y fuerza de tomar las decisiones necesarias para dar los pasos necesarios?
Para mí hay dos situaciones que se pueden dar. Por un lado el hecho que todas las aguas vuelven a su cauce, es decir con el tiempo se despierta el deseo, el hambre y la inquietud de ser feliz o de cambiar de rumbo.
La otra razón, la más frecuento bajo mi punto de vista, puede darse con un cambio o hecho brusco que se haya producido en la vida privada y/o incluso en la vida del entorno más cercano.
Yo creo que es el caso, y repito que para mi es el más frecuente, que da más fuerza y determinación da a la hora de tomar decisiones y llevarlas a cabo.
To be continued